Daria
Se sentó en un banco del parque, sin estar allí. Por una vez no se fijó en si había cagarrutas de pájaro o polvo centenario, tan solo se dejó caer sobre el metal. Las chapitas que dibujaban flores en los bolsillos posteriores del tejano repiquetearon contra las barras de acero. ¿En qué momento se me fue todo de las manos? En los columpios, unos cuantos niños dejaban descansar un rato a sus padres. Tienes que ponerte esto en la cabeza, le decía una rubita a uno aún más pequeño que ella. Y el niño se colocaba un manojo de hojas a modo de sombrero, mirándola para ver si tenía su aprobación. Tres más intentaban subir al mismo columpio a la vez y empezaban a usar las uñas para abrirse camino. Otra con coletas de foto antigua estaba sentada en un rincón, acumulando piedrecitas y pensando si comerse alguna. Los niños eran igual que en Italia, absurdos y divertidos, promesas y frustraciones aún latentes.



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